La sociedad contemporánea, obsesionada con la búsqueda del protagonismo individual, protege y premia la autoría, al fin y al cabo, otro tipo de propiedad privada. Hoy en día no se produce nada (a nivel artístico, periodístico, etc) que no desvele su identidad creadora. Es más, se considera que la propiedad intelectual es la garantía de que en el futuro seguirán existiendo estas producciones. Así, más que acostumbrados a asociar títulos con autores, parece difícil pensar en un tipo de creación no firmada o reclamada por nadie. Pero, ¿qué ocurre cuando integramos un ordenador conectado a Internet en nuestras vidas?
Resulta paradójico que uno de los frutos más trascendentes de la inventiva humana de los últimos años (Internet) plantee precisamente abolir el sistema que ha protegido hasta ahora esa capacidad de innovación (la propiedad intelectual).
Con esta cita, publicada en el libro Micropoder. La fuerza del ciudadano en la era digital, Javier Cremades hace explícita la que, según él, es la naturaleza de la Red: el dominio público. Para este autor, Internet desafía el concepto tradicional de propiedad intelectual por el simple hecho de que, en su naturaleza, no existen restricciones ni fronteras. De hecho, es esta libertad la responsable de su gran crecimiento y expansión.

Sin embargo, si analizados el entorno digital pronto nos daremos cuenta de que, si bien se presenta como un espacio ilimitado, libre y abierto, la idea de lo privado también está en la Red. Solo hace falta hacer un repaso de todas las herramientas que a día de hoy proporcionan al usuario una parcela “privada” a través de la cual puede, eso sí, hacer pública su vida o parte de ella y compartirla con sus amistades. Véase msn spaces, tuenti, facebook, fotolog, etc… Quienquiera puede hacerse con un trocito del ciberespacio. Un trocito además, habilitado para compartir y reproducir canciones sin coste, videos, fotomontajes, etc.
Es decir, cuanto más se polemiza el debate en torno a la creación de límites en la Red para proteger la propiedad intelectual, más funciones existen en este entorno que facilitan la reproducción y transmisión de datos. Esta contradicción es la que lleva a los gobiernos a asumir medidas desproporcionadas, como por ejemplo, la implantación del canon digital. Este canon obliga a un consumidor a pagar un dinero extra al comprar artículos tecnológicos para así compensar a los artistas perjudicados por el uso de estos mismos artilugios en las copias ilegales de sus creaciones. Son muchos los que han considerado esta medida injusta hasta el punto de crear un sitio web contra el canon.
Más allá de que este tipo de medidas sean o no las adecuadas, lo que sí está claro es que son el resultado de una situación con difícil solución. Hasta ahora, pocos usuarios de la Red (muchos menos de los que las industrias discográfica y cinematográfica desearían) optan por pagar unos euros (aunque sea 0,99 €) por un producto intangible antes que descargarlo de forma gratuita. Y trasladando esta situación a la afirmación de la que hablaba al principio, si desaparece la propiedad intelectual en Internet deja de estar garantizado el futuro de estas creaciones artísticas. Por mucho que los partidarios del copyleft afirmen que las ideas no pertenecen a nadie y los creadores deberían moverse por sus instintos artísticos antes que por motivaciones económicas.
En mi opinión, la solución vendrá cuando ambas partes, creadores y usuarios, estén dispuestos a ceder en sus beneficios, un término medio al cual se acercan los llamados Creative Commons (España). Ceder algunos derechos y reservarse otros parece la solución más plausible. Claro que para que esto fuera efectivo debería existir un órgano regulador que garantizara los derechos que el autor se reserva. Y volvemos a lo mismo, ¿se contradice la propia naturaleza de Internet al ponerle cotas?
Ante la disyuntiva, Javier Cremades opta porque la propiedad intelectual se redefina y se adpate al nuevo entorno creado gracias a ella; a no ser que, como él dice, queramos ser víctimas del éxito de nuestro invento: Internet.
Qué son las Licencias Creative Commons







